lunes, 6 de julio de 2009

Jaguares en el Vive 2009

Como dos inmensos ojos iluminados de azul, la música se acercó en una oscura danza nupcial, besandome con el cálido tacto de su simple pero categórica armonía. Y de pronto, ya no era más mi cuerpo el dueño de mis latidos, ahora el bajo gobernaba el flujo de mi sangre como si fuera su particular forma de decir: es muy tarde, ya eres mío.
Hechos ocurridos el sábado 27 de julio del 2009.
Hace una semana exactamente comencé un viaje cuyos planes estaban establecidos tiempo atrás. Un viaje cuyo motor era la música.
Cruzando sierras de belleza innegable, tocando desiertos que se extienden hasta donde llega la mirada, observando finalmente las luces de una ciudad que intimida por su grandeza. Una ciudad que refleja con claridad la expresión de la magalomanía humana y del afán de progreso.
Esa ciudad es la cuna de una nación increible, inagotable, inconfundible. De una nación cuya riqueza cultural había evolucionado a través de los tiempos, con un instinto de supervivencia igual a su grandeza interna. Con todo esto que uno no nota hasta que llega ahí y todos los sentimientos afloran.
Desperté, estaba en el Distrito Federal. Estaba en el ombligo de la luna, en el lugar que calmaría mi sed de guitarra, y mutaría con ritmos los latidos de mi corazón.
Seguido de la llegada al hotel y el tan ansiado almuerzo, todo en algunos de los magicos lugares del centro de la capital, llegamos al recinto que ha sido el hogar temporal de tantas y tan magnificas bandas, que se podria hacer una enciclopedia con las experiencias de fanáticos cuyas espectativas han sido totalmente satisfechas en ese lugar.
El Foro Sol comenzaba a ser abordado por amantes del Rock, que aunaban su deseo al mío de ver a muchas de las bandas que han marcado nuestra existencia. De presenciar a los artífices e intérpretes de la música que funcionba como el soundtrack de su vida. El latido de las miles de personas que comenzaban a congregarse era conmovedor, y digo conmevodor porque creaba de inmetiato efecto de hermandad, de conjunto.
Esa mañana de sábado, comenzaría con bandas con trayectoria e importancia indiscutible dentro de la escena nacional, y algunas con reconocimiento en el exterior. Bandas que han forjado una escena importante en el país y han cosechado fanáticos en base a buena música y a himnos que perdurarán, sin duda, a través de las generaciones. Pero ese día, ese preciso e inolvidable día, la nota la darían aquellos quienes son maestros y profetas. Aquellos que inspiran y sientan las bases, dando influencia a quienes se esfuerzan hoy en día por crear rock mexicano.
Parecería que los beats tan danzables de Kinky, el oscuro romanticismo musical de San Pascualito Rey, los muy coreables clásicos de Los Bunkers y la actitud tan rentable de Zoé, no erán más que peldaños que nos preparaban para un destino único y creaban en todos los presentes en el escenario verde del festival, el estado mental necesario para lo que se aproximaba.
Cuando León Larregui terminó de entonar junto a su banda las letras de 'Love', el esenario se inhundo de vació hasta la entrada de los valiosos técnicos que echarían a andar la logistica del espectáculo. Y aunado ala entrada de los técnicos, se comenzaron a rellenar los espacios libres dejados en el Foro. Las distancias entre aquellos que nos encontrabamos frente al escenario eran nulas. El solo sentimiento de la gente esperando con ansias a Jaguares, sentó espectativas en mí que no metí en la maleta antes de comenzar mi viaje.
El inquieto pasar de las personas con el único deseo de estar más cerca de la banda, llevó a mi mente a recordar la etapa de mi vida donde me volví vulnerable a la música y empecé a consumir aquellas creaciones que me parecían más que necesarias para alimentar mi espíritu. Aquellos días donde las notas de 'Fin' provocaban el instantáneo impulso de cantar hasta la última palabra. Cuando la voz de Saul Hernández, no importando el nombre de la agrupación con quien cantase, estremecía mi ser con sus notas estridentes y declaraciones profundas.
De pronto, el sonido anunciaba la entrada como habia sido la dinámica a lo largo del día, y los latidos comenzaron. Minutos más tarde, Saúl pisaría el centro del esenario tomando su guitarra y colgándola al hombre, con los ojos clavados en la multitud y con todos nostros tratando de imaginar lo que pasaría por su mente al ver nuestra muestra de afecto y veneración.
Y ese fue el momento, esa imagen se clavó en muchas mentes, imprimiéndose en nuestros párpados para ya nunca más salir de ahí. y fue entonces cuando Saúl y compañía dieron rienda suelta a su talento, tocando esas notas que los han llevado a ser base de la pirámide que representa el rock latinoamericano y ser la cúspide de lo que implica ser una referencia en cuanto a trayectoria en materia musical. Mientras sonaba 'En La Habitación De Tu Mente', vasos de unicel cruzaban a toda velocidad el cielo del recinto creando un efecto de aves junto al atardecer, aves que eran extención del espíruto de aquellos que no podrían tener mas regocijo en ese momento.
Al pasar de los acordes yo atónito murmuraba las letras de las míticas canciones mientras escuchaba como todos mis compañeros del rock desgarraban las gargantas para acompañar a Saúl, para que sintieran que estábamos ahí por y para ellos, como si no hubiera nadamás después de ese concierto.
Y así comenzaba el paseo que nos transportaría por todas esas palabras de canciones como 'Dime Jaguar', sembrando sentimientos de identificación, hasta pasajes musicales de calidad impresionante al escuchar 'Detras de ti'.
Ese paseo que me recordaría la calidad y el ingenio de la banda al componer. De lo marcado que está en sus canciones las raíces mexicanas y latinas y de lo bien que se siente escucharlos y ser de esta maravillosa tierra, todo al mismo tiempo.
No cabe duda que los sentimientos que despertaron en la audiencia fueron tantos y tan explosivos que muchos recordamos al amor de nuestra vida cuando sonó 'Los Dioses ocultos'.
El ejemplo de más claro de eso es con lo que concluye esta reseña y concluyó el concierto mas magnífico que he presenciado. Después que la banda regresara por segunda vez a explícita petición del coro formado por miles de fanáticos, y que interpretaran 'La Célula Que Explota' llevándonos a épocas más tempranas de nuestras vidas, una chica explotó en un llanto para el que el grupo de amigas con quienes iba acompañada no encontró consuelo alguno. El remedio era simple. Bastó con que el líder de Jaguares comenzara a rozar las cuerdas de su guitarra en orden tal que de los amplificadores surgió el riff de 'La Negra Tomasa' para que parara todo el llanto, y así crear la más perfecta catársis. Para que tomara fuerte de la mano al chico que se encontraba junto de ella y comenzara a bailar al estilo de la cumbia a la vez que explotaba los limites de su garganta y así cantar acoplándose su voz a la de todos nosotros.
Y así regresé al día siguiente a mi ciudad, con una gran sonrisa en mi rostro, un zumbido incesante en mis oidos, y con la armonía y melodía de 'Detras de los Cerros' en mi mente.
¡Viva Jaguares!